"Yo soy el que vive"Ap.1,18: septiembre 2012

ADORACION

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Capilla "María Reina de los Apóstoles"

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sábado, 29 de septiembre de 2012

En camino a un nuevo encuentro con la Persona Viva de Cristo

“Señor ¿A quién iremos? Tú tienes Palabras de Vida Eterna” -Jn. 6, 68-



La humanidad, perpleja, experimenta a través de los medios un torbellino de imágenes virtuales que, por su magnitud y complejidad, resultan dificultosas para comprender y procesar.
Encienden permanentemente la imaginación y la fantasía provocando deseos a veces desordenados y desproporcionados.
Bajo esa tensión existencial, vivimos y nos movemos. Confundidos, caminamos a la Casa del Padre, atravesando diferentes etapas en la vida espiritual contaminada por la propia incoherencia, simbolizada en nuestro corazón por la hipocresía -las contradicciones que existen entre las creencias respecto a los testimonios-.Lo que creo y proclamo en contraposición a lo que vivo y practico.
Este comportamiento que de manera habitual nos caracteriza, sirve para alejar a los que buscan y anhelan encontrar el Camino, la Verdad y la Vida.
A menudo, con la ilusión de complacer al Señor cometemos la insensatez de silenciar la Voz Interior del Amor que nos invita a un encuentro libre de condicionamientos, porque caemos en la cuenta que contiene un lenguaje duro.
No huimos, pero sabemos que si nos proponemos vivir sensatamente, la Palabra nos incomoda, desinstala y sacude, porque trastoca lo viejo de nosotros mismos.
“Jesús pregunta a los Doce: ¿También ustedes quieren irse? Simón Pedro respondió: “Señor ¿A quién iremos? Tú tienes Palabras de Vida Eterna. Nosotros hemos creído y sabemos que eres el Santo de Dios” -Jn. 6, 67-69-. Entonces, nos preguntamos: ¿Estamos en la misma sintonía de Pedro? O bien, salimos espantados como muchos Discípulos, o permanecemos estancados en la monotonía de lo acostumbrado, negándonos a un nuevo encuentro con la Persona Viva de Cristo.
Desatarnos de la esclavitud y el encierro de los recurrentes pensamientos y miedos que nos impiden ponernos en marcha, aún en la enfermedad, requerirá una abierta disposición para ser ayudados desde la humildad, reconociendo las propias limitaciones.
Para vivir una nueva relación de intimidad con Cristo Eucaristía, necesitamos la gracia, pero también, muy especialmente, un paciente y perseverante trabajo a través de la oración y los Sacramentos que, iluminados por el Mismo Espíritu, nos ayude y anime a reconocer y a desplegar los talentos donados gratuitamente.
En la viña del Señor hay siempre un nuevo día cuando nos decidimos a ofrecer la propia debilidad para dejarnos penetrar y fortalecer por el Amor de Dios -“Yo me glorío de mi debilidad” nos dice san Pablo -2Cor. 11, 30- “Cuando soy débil, entonces soy fuerte” -2Cor. 12, 10-.
Que María Santísima nos ayude a reconocer los talentos que gratuitamente hemos recibido por la Ternura del Padre y hacerlos fructificar, para no enterrarlos como el siervo malo y perezoso que se justifica, por miedo: “...Si sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he esparcido…” -Mt. 25, 26-.
Si somos conscientes de la urgencia y la importancia de estos los últimos tiempos, despertaremos a un renovado celo en el servicio de intercesión por la santidad y fecundidad del Cuerpo Místico y la salvación de las almas.



                                                  ORACIÓN
                                                      Señor
                                     Que por Tú hijo fuimos llamados
                              al servicio como adoradores-intercesores 
                           para la santidad y fecundidad del Cuerpo Místico
                                        y la salvación de las almas.
                    Que el Espíritu Santo nos anime a ofrecer la propia debilidad
                          para dejarnos penetrar y fortalecer por Tú Amor.
                          Que sepamos responder a Tú Hijo como Pedro:
                    Señor ¿a quién iremos? Tú tienes Palabras de Vida Eterna.
                     Que María Santísima nos ayude a reconocer y a ofrecer
                      los talentos recibidos gratuitamente, para no enterrarlos
                                  como el siervo perezoso. Amén


¡Alabado sea Jesucristo!

Eduardo                                                                                                   

E. M. M.