"Yo soy el que vive"Ap.1,18: marzo 2013

ADORACION

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Capilla "María Reina de los Apóstoles"

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sábado, 30 de marzo de 2013

Un corazón Pascual late en el amor y la misericordia

“Si no tengo amor, no soy nada” -1 Cor. 13, 2-



En esta nueva primavera para la Iglesia y la humanidad toda, el Señor, rico en misericordia, porque nos ama, regala un signo de ese mismo amor en la persona del Papa Francisco, para enseñarnos como, con amor y misericordia, podemos reconocer a Cristo que camina a nuestro lado, ya que no nos damos cuenta.
Ese Cristo del hermano sufriente.
Ese Cristo del hermano que me incomoda.
Ese Cristo que, en el hermano me interpela como “cristiano”, me sitúa y revela en la dimensión del samaritano.
Estamos acostumbrados a pedir signos, a creer por la excepcionalidad de los acontecimientos: lo que vemos, oímos, tocamos y sentimos.
Somos incrédulos, y esa incredulidad demanda permanentemente signos, debido a nuestra debilitada y quebrantada fe, esperanza y amor.
Nos resistimos a buscar adentro nuestro. Jesús nos enseña: “El reino de Dios está adentro de ustedes” -Lc. 17, 21-
Entonces la alegría Pascual se desvanece porque no nos atrevemos a vivir la vida en Cristo.
“Son como cisternas agrietadas que no retienen el agua” -Oráculo del Señor- referido a la ingratitud del pueblo de Israel en tiempo del profeta Jeremías -Jer. 2, 13-.
Nosotros, en estos tiempos, también no retenemos esa agua Viva que es Cristo.
El nos la dona en Su Presencia Real para que la donemos, no la desperdiciemos, ni la desparramemos con nuestras actitudes de indiferencia, ingratitud e infidelidad.
Este soplo de aire fresco que el Espíritu Santo infunde a Su Iglesia y al mundo entero, a través del ministerio del querido Papa Francisco, en sus gestos de amor misericordioso, cercanía y humildad, nos sacude, despierta del letargo y la resaca de un tiempo viejo que anida en nuestro corazón, nos pone en camino y compromete.
Es el Espíritu del Señor que en estos, los últimos tiempos, nos viene a rescatar de nuestro cansancio y vacío espiritual, ayudándonos a resucitar.
Las heridas del corazón se van sanando con la misericordia y el amor, a través de la presencia, escucha, acompañamiento y desprendimiento.
Acoger al hermano es sufrir con él, llorar con él, celebrar con él, ahí, entonces, comenzamos a morir y a resucitar con Cristo y los hermanos.
-Un Corazón Pascual es un corazón redimido y conquistado por la sangre de Cristo.
-Un Corazón Pascual es un corazón iluminado con la luz de Cristo, y unidos a Él llevamos la luz a los hermanos.
-Un Corazón Pascual es un corazón que palpita la alegría de la Resurrección, y con esperanza se atreve a vivir la vida en Cristo.
-Un Corazón Pascual es un corazón humilde y misericordioso, se alimenta permanentemente con la Palabra y el Pan de la Eucaristía, en la vigilancia del Sacramento de la Reconciliación.
Roguemos a la Santísima Virgen María, Madre del Resucitado, para que nos eduque en el amor Misericordioso, configurados al Corazón de Jesús, Fruto de Su vientre, Hijo Amadísimo del Padre, por el Espíritu Santo.



ORACIÓN

Padre Compasivo
Que nos regalas por Tu Amor Misericordioso
un signo de ese mismo Amor en la persona del Papa Francisco,
en esta Nueva Pascua, para que podamos reconocer a Cristo
que camina a nuestro lado.
Te suplicamos que este Soplo de aire fresco que el Espíritu Santo infunde
a Su Iglesia y al mundo entero, nos despierte del letargo y nos comprometa.
Ayúdanos a no ser como cisternas agrietadas que no retienen el Agua Viva
que es Cristo.
Crea en nosotros un Corazón Pascual, un corazón humilde y misericordioso,
que vive y proclama la alegría de la Resurrección a los hermanos. Amén

¡Alabado sea Jesucristo!

¡Santa Pascua!

E. M. M.