"Yo soy el que vive"Ap.1,18: julio 2015

ADORACION

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jueves, 2 de julio de 2015

EL ADORADOR EN EL CAMINO DEL ABANDONO

“Para amarte como Tú me amas, necesito pedirte prestado
 Tú propio Amor” Teresa de Lixieux


El adorador, en la intimidad con Jesús Sacramentado, intenta recorrer el camino del abandono.
En ese acercamiento a la Persona Viva de Cristo, el adorador consagrado al Amor Eucarístico, se pregunta a menudo: ¿Cómo seducir el Corazón del Señor?
La respuesta nos la brinda Santa Teresita: “Es la confianza y nada más que la confianza, la que debe llevarnos al Amor”.
Es por el camino del abandono enraizado en la humildad, el que necesitamos para penetrar en el Corazón del Señor.
A través de la oración y la contemplación nos disponemos abrirnos a la Misericordia de Dios.
Este movimiento de abandono y confianza, tiene como fundamento la conversión del corazón en el camino del Amor, para hacer siempre la Voluntad de Dios.
“Cuando un alma se abandona enteramente a la Voluntad de Dios, el Mismo Señor, comienza a guiarla” P. Silvano de Athos.
Para atravesar ese camino estrecho, será necesario despojarnos de los propios condicionamientos, para que se cumpla la Voluntad del Padre y no la nuestra.
Como nos revela Jesús a largo de Su Vida terrena: “No busco Mi propia Voluntad, sino la Voluntad del que me ha enviado”.
Santa Teresita en la infancia espiritual nos enseña el camino del abandono.
Dice, la razón es sencilla: “Somos niños en brazos del Padre” no experimentamos miedos, sino, amor y ternura.
La experiencia del abandono en los brazos del Señor, es precisamente la certeza de sentirnos amados y cobijados aún, cuando no entendamos nada de lo que nos pasa.
San Pablo nos introduce en ese Amor: “…Dios dispone todas las cosas para el bien de los que lo aman…” -Rm. 8, 28-
El adorador en la Presencia Viva de Jesús no se presenta ante Él, con una piedad privada, egoísta e individualista, sino, que se dispone, se alista para el combate.
Sale sin demora al encuentro de los hermanos, según sus periferias, sufrientes y dolorosas, que lo interpelan y lo comprometen permanentemente en el servicio de intercesión, en la ayuda y el acompañamiento.
El Papa Francisco nos advierte: “No caigamos en la indiferencia que humilla, en la habitualidad que anestesia el ánimo e impide descubrir la novedad, en el cinismo que destruye“ (Bula convocación Jubileo de la Misericordia).
La alegría y la esperanza que experimentamos en el camino del abandono son frutos de la gracia, que nos infunde el Espíritu Santo y se descubre, en la libertad de los hijos de Dios.
Que María Santísima la Servidora fiel abandonada en el Señor, nos eduque como a Jesús en el camino del abandono, para Gloria de Dios y la salvación de los hermanos. Amén




¡Alabado sea Jesucristo!

E. M. M.