"Yo soy el que vive"Ap.1,18: abril 2014

ADORACION

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domingo, 20 de abril de 2014

LA FIESTA DE LA VIDA

“Por la Resurrección de Jesucristo, nos hizo renacer a una esperanza viva” -Ped. 1, 3-



Encarnar los dolores y sufrimientos cotidianos, ofreciéndolos, es tener conciencia de la cruz que cargamos.
Muchas veces renegamos y otras tantas la rechazamos, porque nos resulta demasiado insoportable el peso, según nuestra debilidad.
Nos cuesta comprender y configurar en nuestro corazón, si no es por la gracia, que no hay cristiano sin cruz.
“El discípulo no es más que El Maestro” -Mt. 10, 24-
En este proceso de la cruz, a lo largo de esta Cuaresma renovada, los adoradores hemos intentado preparar el corazón, con el auxilio del Espíritu Santo, para vivir la alegría, el gozo de la Resurrección -El triunfo de la vida por El Amor - Cristo es nuestra Pascua-
Es haber sufrido en carne propia, el desapego de todo aquello que nos ata a nuestros caprichos, a nuestras posesiones, a nuestros tesoros, para morir a todo esto y resucitar a una vida nueva.
“Si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo, pero si muere da mucho fruto” -Jn. 12, 24-
Si este itinerario espiritual enriquecido por la gracia, fue vivido con auténtica honestidad de fieles discípulos, servidores, reflejado en los testimonios, se revela que hemos atravesado por un tiempo fecundo, impregnando a nuestro caminar, del perfume de Cristo.
La alegría de la Resurrección es fruto de la gratuidad del Amor del Padre, que por la Oblación Pura de Su Hijo Jesucristo El Señor, Muerto y Resucitado, nos libera de la muerte y el pecado, infundiéndonos por su Mismo Espíritu la vida nueva.
Anunciar la alegría de la Resurrección es vivir como María Magdalena la tristeza de encontrar la tumba vacía, pero inmediatamente, se convierte en gozo al escuchar la voz del Señor que la llama por su nombre y es portadora en la primicia de la Resurrección.
Esa tumba vacía simboliza el propio corazón, que por la angustia, la desesperanza y la soledad, busca desesperadamente al Señor.
Entramos así, en el frio de la noche, porque hemos dejado enfriar el amor, debilitado la fe, por lo tanto se evapora la esperanza.
Pero Jesús siempre nos sale al encuentro y nos llama.
Como acostumbra decir el Papa Francisco, Jesús nos primerea, nos acompaña, aunque nos parezca que caminamos solos.
Hasta darnos cuenta que nuestro corazón comienza a palpitar, arder, nuevamente, porque lo reconocemos en las pequeñas cosas de la vida, en las personas, en el abrazo fraterno, en la palabra que ayuda y acompaña, en el silencio que escucha y asiste con paciencia.
Así como los discípulos de Emaús lo reconocieron al partir el Pan, también nosotros lo reconoceremos en la Palabra, que nos Habla a cada uno en particular y nos alimenta con Su Cuerpo y Sangre de Su Divinidad en cada Eucaristía.
Nuestro corazón se llena de gozo y esperanza cuando le decimos a Jesús, quédate siempre con nosotros porque llega la noche y se acaba el día de nuestra vida.
Vivamos La Fiesta de la Vida para anunciarla a todos, los que están cerca, como los que están lejos, porque Cristo ha resucitado.
Ha convertido el madero de la Cruz en el Árbol de la Vida para la salvación de las almas, preparando el camino a la Gloria del reino eterno.
Que María santísima Madre de la Resurrección y la Vida, Consuelo de los afligidos y Esperanza de los pecadores, nos eduque a través de nuestra fragilidad en el Amor de Su Hijo.
Entreguémonos fielmente al servicio silencioso como adoradores-intercesores de la Iglesia de Cristo y la transformación del mundo entero por la oración, para Gloria de Dios Padre. Amen



¡Alabado sea Jesucristo!

Feliz Pascua de Resurrección