"Yo soy el que vive"Ap.1,18

ADORACION

MOVIMIENTO DIOCESANO DE ADORACION EUCARÍSTICA PERPETUA - SAENZ 572 - LOMAS DE ZAMORA - Tel. 4294-7127


¡JESÚS TE ESPERA SIEMPRE!

¡DECÍDETE A VISITARLO!

TE INVITAMOS A LA COMUNIDAD DE ADORADORES

Capilla "María Reina de los Apóstoles"

Capilla "María Reina de los Apóstoles"
Capilla "María Reina de los Apóstoles"

domingo, 1 de abril de 2018

VIVIR LA RESURRECCIÓN ES SALIR DE LA ZONA DE CONFORT

“Viviendo en la Verdad y en el Amor, crezcamos plenamente unidos a Cristo” -Ef 4, 15-



Iluminados por la Luz Verdadera de Cristo Resucitado y Resucitador, caminamos a la Tierra prometida, en el gozo y la esperanza, de saber que fuimos rescatados de la muerte y el pecado para la Vida plena.
El Señor viene a liberarnos de la esclavitud, pero muchas veces Le ofrecemos resistencia, a la Obra Amorosa en nuestra vida.
Vivimos seducidos y encadenados a la propia zona de confort, de comodidad, significa ese modo o manera de engañarnos a nosotros mismos, en detenernos, para no caminar y salir al encuentro.
Encerrados en preconceptos, actitudes y comportamientos, vivimos en la apariencia, enmascarados en una religiosidad vieja, autorreferencial.
El desafío Pascual, será despegarnos de la zona de confort o comodidad, para enfrentar y reconocer las propias muertes: el orgullo, la envidia, la indiferencia, la falta de amor, etc. Para recomenzar un nuevo tiempo.
Necesitamos dejarnos conducir y moldear por las manos amorosas, liberadoras y transformadoras del Señor, para resucitar con Él.
El Señor nos abraza y acompaña en cada momento de la vida y nos alienta:
“No tengas miedo Yo estoy contigo”
La humildad es el camino, como nos enseña Santa Teresa “la humildad es andar en Verdad”.
Es por ello, es que necesitamos la gracia, para discernir en la verdad y en el amor, este camino, con la asistencia del Espíritu Santo, por el fuego de Su Amor.
Así estaremos disponibles, para desatar los nudos existenciales -que supimos sujetar a lo largo de la vida- construyendo una religiosidad echa a medida.
San Agustín nos reafirma: “Para llegar al conocimiento de la Verdad, hay muchos caminos” El primero es la humildad. El segundo es la humildad. El tercero es la humildad.
El Señor nos propone resucitar en este tiempo Pascual, tiempo de gracia, a nuestros condicionamientos, engaños, vicios, pecados, de nuestra zona de confort y comodidad, para recomenzar una vida nueva en Cristo, transfigurada en la persona pascual.
Cuando decidimos libremente dejarnos modelar por El Señor, en el silencio y la aceptación, ofrecemos los propios padecimientos, y, a pesar de no comprender lo que nos pasa, tenemos la certeza que Él camina a nuestro lado siempre, y todo lo que nos suceda será para nuestro bien.
Tengamos la mirada puesta en la Madre de Jesús y Madre nuestra, que acompañó a Su Hijo en el silencio, en la obediencia, en el servicio sin demoras, en el Amor.
Sabemos que la vida del cristiano es Trinitaria, todo es gracia.
El Señor respeta nuestra libertad para que Él obre en la vida.
Entendiendo como si todo dependiera de uno mismo, pero, sabiendo de antemano que es El Señor de la Historia quien conduce la vida.
San Ignacio de Loyola refuerza: “Actúa como si todo dependiera de ti, sabiendo que, en realidad, todo depende de Dios”
Viviendo el gozo de la victoria del Amor Resucitado, nos dispongamos a desatar las resistencias a la Obra del Señor, para vivir la vida plena en Cristo Nuestro Señor. Amén.
Aleluya!



Santa y Bendecida Pascua de Resurrección

E.M.M.

martes, 13 de febrero de 2018

LA CONVERSIÓN DEL CORAZÓN CAMINO PARA LA SALVACIÓN POR EL AMOR

"A la tarde te examinarán en el amor. Aprende a amar como Dios quiere ser amado y deja tu condición"(San Juan de la Cruz).



En el camino del jubileo a los 20 años de la Adoración Eucarística, demos gracias al Señor, porque es Grande, es Eterno Su Amor, derramado en esta Iglesia diocesana.
El nos invita, a revisar nuestra vida de discípulos, como adoradores en Espíritu y en Verdad, como lo quiere el Padre.
En este tiempo de Cuaresma, tiempo de gracia, es tiempo propicio, para profundizar el camino de conversión del corazón, por la ayuda del Espíritu Santo, a través, de la oración, el ayuno, y las obras de misericordia corporales y espirituales.
El drama de esta humanidad alejada de Dios, sumergida en un individualismo egoísta, es desafiar con su sola fuerza a todo, a través de un pensamiento mágico, pero que inmediatamente se hunde en el vacío, la soledad, y el desasosiego de los propios actos.
El Papa Francisco nos advierte de este mal y señala: “Algunos cristianos en el fondo confían en sus propias fuerzas y se sienten superiores a los otros por cumplir normas o por ser inquebrantablemente fieles a cierto estilo católico propio del pasado” -EG94-
Pidamos, invocando al Espíritu Santo, que nos ayude a tomar conciencia, para luego interpelarnos y sacudir la propia modorra del acostumbramiento y recurrencia de ciertos hábitos erróneos del pasado.
Refugiados en un sí mismo individualista, alimentamos los miedos que justifican el inmovilismo, para no cambiar, y salir al encuentro de los hermanos, en esta realidad histórica, por la que fuimos llamados para dar testimonio samaritano.
Vivimos nuevas circunstancias, en la complejidad de un mundo tecnológico, diverso, cambiante y desafiante, pero esperanzador, porque Cristo Luz del mundo, ha vencido a la muerte y al pecado, para la salvación de muchos.
En el camino de conversión permanente, atravesamos este tiempo de gracia, tiempo oportuno, para que podamos proponernos ejercitar y trabajar la misericordia, el perdón, y el amor fraterno.
Para ello necesitamos, detenernos y observar el fondo de nuestro corazón herido por el pecado y pedir la gracia de la humildad, recurriendo al sacramento de la reconciliación, sanación del corazón.
Es en el corazón, donde se ejercita la libertad, campo de encarnizadas batallas espirituales, que nos dejan muchas veces, indefensos e inermes, porque nos empecinamos en recostarnos en nosotros mismos, en nuestro voluntarismo.
El engaño de los que se dicen seguidores de Cristo es mostrar muy frecuentemente, actitudes, comportamientos y gestos, lejanos a la Voluntad de Dios y al Corazón de Jesús.
Nuestro corazón enfermo de pecados nos aísla de nuestros hermanos, porque nos dedicamos a juzgar, a condenar y por ende no amamos siempre como nos enseña con Su Vida Jesús.
El Señor nos Ama y conoce a cada uno en su dignidad de hijos.
Ofrezcamos y asociemos los propios sufrimientos, enfermedades, pérdidas, a la Pasión y al escándalo de la Cruz, para que muchos hermanos a través de nuestra intercesión, en la oración, sean acompañados por el camino de la conversión y salvación.
Que María Santísima al pie de la Cruz, le presente a Su Hijo, nuestra fragilidad, debilidad y pecados, por la que fuimos lavados por Su Sangre Preciosa y rescatados de la muerte y el pecado,y podamos acudir frecuentemente al Sacramento del Perdón, para amar con el corazón a todos, sin excluir a nadie.



¡Alabado sea Jesucristo!

SANTA CUARESMA

E.M.M.

domingo, 3 de diciembre de 2017

EL GÉRMEN JUSTO VIVO Y SANTO PARA UNA NUEVA HUMANIDAD


“Te adoramos te bendecimos y te esperamos, Señor”



Transcurriendo este Adviento, y en la espera del Señor que viene, vamos peregrinando a la tierra prometida eterna, en la alegría y esperanza de un nuevo amanecer en nuestra vida.
El Amor y la Ternura del Padre se nos revela en el abajamiento de Su Hijo, nacido en la Familia de Nazaret -de María y Jose- que se hace semejante a nosotros en todo, menos en el pecado, por el misterio de la Encarnación.
El Señor esperanacer de nuevo en nuestro corazón, plagado de agobios, confusión, miedos, angustia, oscuridad, pecados., paraqué, animados a salir de nosotros mismos al encuentro de nuestros hermanos, podamos renacer con Él.
En nuestra debilidad descubrimos -por la gracia- el Amor Misericordioso del Padre, que se manifiesta plenamente en la Presencia Viva, Real de Jesús Eucaristía.
Asistidos por El Mismo Espíritu, en la contemplación, aprendemos a conocerlo, por el camino de la oración del corazón y la conversión permanente.
El Señor se hace presente en nuestra vida y camina junto a nosotros, para ayudarnos a salir de los propios condicionamientos, miedos y engaños.
Nos alienta a aceptarnos tal cual somos -así nos Ama El Señor- para que, reconociendo los talentos recibidos como regalo, no los enterremos, como el siervo perezoso.
Encarnados en este momento histórico, por el que fuimos llamados y destinados a dar frutos en abundancia, para vivir y comprometernos con el que sufre, haciéndonos cargo, como el samaritano.
Inauguremos una nueva Navidad, un nuevo nacimiento de Jesús en nuestro corazón, con la alegría y esperanza del discípulo, servidor fiel, imagen viva de Cristo en el hermano herido por nuestra indiferencia y por la falta de compromiso.
El adorador es fermento de una sociedad nueva, cuando se reencuentra consigo mismo en El Señor, para servir a todos, especialmente a los más olvidados, excluidos y humillados en su dignidad de hijos de Dios.
En la intimidad con El Señor, el adorador,intercede por la salvación de los que no conocen el Amor de Dios.
Es defensor de la vida, desde la concepción hasta el llamado a la casa del Padre.
Intenta y se propone, vivir la vida configurado en el sentir, pensar y obrar de Cristo, con un oído puesto en La Palabra y otro como María en el servicio sin demoras a los hermanos, convirtiéndose en centinela de una nueva humanidad.
Con el gozo de transitar este Adviento, preparemos el corazón para recibir al “Consejero Maravilloso, Dios Fuerte, Padre para siempre y Príncipe de la Paz” que nos libere de las propias esclavitudes, para salir al encuentro de los pequeños y necesitados.



ALABADO SEA JESUCRISTO

¡SANTA Y BENDECIDA NAVIDAD!

E.M.M

sábado, 2 de septiembre de 2017

LA ADORACIÓN EUCARÍSTICA FUENTE INAGOTABLE DE SANACIÓN, RECONCILIACIÓN Y AMOR

“No tomen como modelo este mundo, transfórmense interiormente para que puedan discernir la Voluntad de Dios” -Rom. 12, 2-



En el caminar por el éxodo de nuestra vida a la Casa del Padre, vamos transcurriendo cada paso, cada momento en la Presencia Viva del Señor.
Él camina a nuestro lado, nos enseña, nos corrige y protege en la ternura y Amor Misericordioso del Padre, por el Espíritu Santo.
Recorremos cotidianamente este camino, seducidos y colgados en el mundillo global de las redes sociales que, con imágenes excitantes y provocadoras, alimentan y exacerban nuestros sentidos.
A menudo, caemos en la trampa de manera consciente, o inconscientemente, en sentimientos fugaces que no anidan, ni perduran en el corazón, sino en la fantasía de una vida virtual, vacía y sin profundidad.
Por lo tanto, aparece un nuevo paradigma, un modelo de vida que se instala, provocando una insatisfacción tóxica, permanente, que conduce a la confusión y dispersión, por no estar integrado con uno mismo, con El Señor y por ende con los hermanos.
Desde ese lugar, no hay tiempo a echar raíces, a regar, a rumiar, a cuidar, a esperar, para luego ver crecer y madurar.
En este contexto, en este clima, se va debilitando la vida espiritual, la oracióny contemplación, en el encuentro de intimidad con Jesús Eucaristía, trastocando el silencio e impidiendo escuchar la voz del Señor.
En este camino de seguimiento al Señor, siempre se encuentra al acecho el enemigo -el demonio- que en el terreno de nuestro corazón siembra la cizaña, el engaño, donde crece fácilmente la envidia, la infidelidad, el orgullo, la indiferencia, el egoísmo, la falta de amor, etc.
El Adorador bebe de la Fuente Inagotable en la Persona Viva de Cristo, suplicando la sanación del corazón, abriéndose a la reconciliación y al Amor que todo lo penetra y transforma, para dar testimonio a través de la propia coherencia de vida a los hermanos.
Dejémonos abrazar por El Señor en la contemplación, intentando en el silencio, acallar las voces interiores, para escuchar en el corazón, lo que Él nos quiere comunicar, transmitir, enseñar.
Es un ejercicio humilde y perseverante, por lo que necesitamos la luz, la asistencia y la ayuda del Espíritu Santo, para sanar y purificar el amor y el entendimiento.
Emprender este camino discipular es introducirnos en el discernimiento para saber cuál es la Voluntad de Dios: lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto -Rom. 12, 2-
La Madre Reina de la Paz educándonos en las enseñanzas de Su Hijo Jesús, nos advierte amorosamente: “No hay amor sin oración, no hay oración sin perdón. El que no perdona no puede orar de corazón” (Men.2/7/14)
Sigamos a María Santísima la Estrella de la Mañana, que con seguridad nos conduce a Jesús, el Verdadero camino, la excelsa e Inmutable Verdad y a la Vida Nueva, para Gloria del Padre. Amén.



¡Alabado sea Jesucristo!

E.M.M.

domingo, 16 de julio de 2017

EN LA PRESENCIA VIVA DE JESÚS EUCARISTÍA EL ADORADOR CAMINA HACIA UNA VERDADERA RENOVACIÓN DEL CORAZÓN


“No se pone vino nuevo en odres viejos…el vino nuevo se pone en odres nuevos” -Mt. 9, 17-


Nuestro corazón, fatigado por los años, sufrimientos, pérdidas, miedos y la propia circunstancia, poco a poco, se va encerrando en vanas complicidades y temores, por lo tanto, se va enfriando.
Los ritos cotidianos, hábitos acostumbrados, muchas veces, nos confunden en engañosa conformidad, pretendiendo justificar la propia creencia.
En esta apariencia de un seudo cristianismo, porque rezamos, asistimos a Misa, Adoramos, etc., nos conforma, por lo tanto, nos resistimos a cambiar el corazón como El Señor nos invita.
Desde ese lugar, vamos construyendo, un cristianismo de cumplimiento, y no, un cristianismo discipular, abierto al misterio y a la sorpresa de Dios, en la alegría y el amor que transforma la vida propia y a los que nos rodean.
El cristiano del cumplimiento es aquel que cae muy fácilmente en la soberbia, en la superioridad de los demás, en la vanidad, en el narcisismo, es el que se las cree.
Mientras que, el discípulo en clave del publicano, se siente un pecador perdonado, indigno de recibir la gracia por la Ternura y el Amor Misericordioso del Padre.
Por lo tanto, se presenta delante del Señor, humilde, frágil, desvalido, para buscar redención, alimento, perdón, repara las ofensas propias y de los hermanos, da gracias, Adora y Glorifica.
Atreverse a confiar, es entrar en el misterio, en la aceptación plena del discípulo servidor que tiene como modelo a la Santísima Virgen María, en el hágase en Mí según Tu Palabra -sin condicionamientos-.
A menudo, llegamos a la Presencia Viva de Jesús Eucaristía, con pesadas cargas, requerimientos, peticiones nobles y urgentes, que nos ocupan toda la hora de Adoración, como si el Señor no conociera lo que necesitamos.
Por lo tanto, le restamos tiempo a esa intimidad amorosa y sanante con Jesús, para intentar escuchar en el silencio de la contemplación, la voz del Señor que nos invita a cambiar el corazón, en una forma de vida configurada a Sus enseñanzas, donde prima el Amor.
Necesitamos aceptarnos y reconocernos tal cual somos, así entraremos con la libertad de los hijos de Dios a la dimensión plena del amor, a través de los gestos y actitudes misericordiosas, amorosas, con los más próximos, complicados e incómodos.
El adorador en camino a la renovación del propio corazón es aquel que en la Presencia Viva de Jesús, se dispone con la ayuda del mismo Espíritu a vivir el llamado intensamente, con la cruz a cuesta de cada día, dejándose moldear por El Señor, para servir y amar a todos los hermanos. 
Con humildad y en oración, invocando la asistencia del Espíritu Santo, intentemos al cierre de cada jornada, reflexionar, para darnos cuenta si vamos por el camino del Señor, o, en la recurrencia empecinada, engañosa del propio camino.
Que María Santísima Madre del Consuelo, Modelo del Servidor fiel, nos acompañe en este camino de conversión y renovación del corazón, para atraer con los testimonios a los hermanos más próximos y a los más alejados, que no conocen el Amor de Dios.


¡Alabado sea Jesucristo!

E. M. M.

sábado, 3 de junio de 2017

DEJARNOS CONDUCIR POR EL ESPÍRITU DE LA VERDAD

“El Espíritu de la Verdad…ustedes lo conocen, porque El permanece con ustedes y estará en ustedes” Dice el Señor -Jn. 14, 17-



En la dinámica vertiginosa de una humanidad que se debate, entre la indiferencia individualista y el drama de las guerras que nacen en el corazón, porque nos hemos alejado de Dios, El Espíritu del Señor, con el fuego de Su Amor, nos va despertando a una vida nueva, respetando la propia libertad, nos pone en camino para la misión, saliendo al encuentro de los hermanos.
El Amor del Espíritu Santo que habita en el tabernáculo del corazón, renueva la vida por la gracia y nos introduce en la sintonía de la misma vida de Jesús, para ser más parecidos a Él.
Dice El Señor: “El Espíritu Santo les enseñará y les recordará mis enseñanzas” -Jn. 14, 26-
En la fragilidad de nuestra condición humana, cristiana y pecadora, necesitamos el ejercicio cotidiano de suplicar la luz y la asistencia del Espíritu Santo.
Guiados por el Espíritu de la Verdad, en el discernimiento, podemos alcanzar y recorrer los caminos, según las enseñanzas de Jesús, para no caer en decisiones viciadas de omnipotencia arrogante, alejadas de la Voluntad de Dios.
Imploremos al Espíritu Santo, Espíritu de Verdad, Espíritu de Consuelo, para que, con Su soplo vivificador, podamos discernir lo que más conviene a la salvación, por la santidad y el crecimiento en el amor, la esperanza y la fe.
Purificado el corazón por la gracia, nos atrevemos a descubrir el Amor de Dios en la propia existencia, realidad y circunstancia.
Dejémonos abrazar por el Dulce Huésped del Alma.
Escuchemos en el silencio del corazón, la voz interior del Divino Maestro, que nos despierta a la osadía del amor y nos une como Iglesia -Pueblo de Dios- para proclamar el Evangelio, dando razón de la alegría y la esperanza.
El cristiano, en el peregrinar por la vida hacia el gozo eterno, va palpitando la alegría de la Resurrección, por la luz y la ayuda del Espíritu Santo, para compartirla con los hermanos, a través de los testimonios de cada día.
Tomas Merton dice: “La unión del cristiano con Cristo, es una unión mística, en la que Cristo mismo es la Fuente y Principio de Vida en mí. Cristo mismo alienta divinamente en mí, dándome Su Espíritu” (Semillas de contemplación).
El adorador, a través del silencio y la contemplación, por la oración del corazón, en la Presencia Viva de Jesús Sacramentado, adentrado por Su Amor, es conducido por el mismo Espíritu de Dios, hacia un nuevo Pentecostés, un nuevo renacimiento.
¿Cómo dejarnos conducir por El Espíritu Santo a un nuevo Pentecostés, a un nuevo renacer, si nos encerramos en los propios caprichos, esquemas y presupuestos recurrentes?
Dejarnos conducir por El Espíritu del Señor y Dador de Vida, es abrirnos a la sorpresa de Dios por la aceptación y la entrega confiada.
Dispongamos nuestro corazón, en la docilidad y humildad por la oración, para recibir la efusión de Sus Dones, sobre cada uno de nosotros de: “Sabiduría, Ciencia, Entendimiento, Consejo, Fortaleza, Piedad y Temor de Dios”
Que la Santísima Virgen Maria Sede de la Sabiduría Consuelo de los pecadores y Madre de la Iglesia, nos eduque como Jesús, con un corazón manso y humilde, por el Fuego del Amor, para Gloria de Dios. Amén

Santa María del Espíritu Santo

¡Alabado sea Jesucristo!

¡VEN ESPÍRITU SANTO!

E. M. M.

viernes, 14 de abril de 2017

LA PASCUA EN TIEMPOS DIFÍCILES PERO ESPERANZADORES

“Yo desbordo de alegría en El Señor, mi alma se regocija en Dios, porque El me vistió con las vestiduras de la salvación” -Is. 61, 10-



La persona de este tiempo de confusión, como la de todos los tiempos, busca manifiestamente la liberación, sin alcanzarla.
Atrapada por la desesperanza, la hunde en un estado de depresión creciente, como nunca antes.
A pesar de los medios tecnológicos, que la conectan al instante globalmente, paradójicamente sufre, consciente o inconscientemente, una incapacidad por alcanzar un encuentro con ella misma, con su intimidad, hacer silencio, para escucharse.
Muchas veces, por miedo a encontrarse con sus heridas profundas, otra se sofoca, oyendo sus silencios intolerables, y otras más, se niega a enfrentarse con cicatrices no cauterizadas, no curadas.
El cristiano, no vive ajeno a esta realidad, pero, por la gracia, tiene la certeza de la fe, que camina hacia la liberación definitiva.
Por el triunfo de la Cruz de Cristo Resucitado y Resucitadora, nos ha rescatado de la muerte y el pecado, para una vida nueva.
“Si Cristo no Resucitó vana es nuestra fe” -1Cor 15, 14-
Los cristianos sabemos que la liberación viene del Señor, pero, si nos dejamos guiar por Él.
“Yo soy la Luz del mundo, el que me sigue, no andará en tinieblas, sino, tendrá la Luz de la Vida” -Jn. 8, 12-
Para que la Pascua verdadera llegue a nosotros, en el gozo y la esperanza que ello significa para la vida nueva, necesitamos resucitar con Cristo nuestra Pascua.
Para ello hay que dejarse conducir, por Aquel que sabe más de nosotros, que nosotros mismos.
Es un desafío constante que tenemos cotidianamente, si nos proponemos entrar en la lógica del misterio, confiando contra toda desconfianza y esperando contra toda desesperanza, porque nunca seremos defraudados.
Esperamos, desde la oración, iluminada por la Palabra, alimentados por El Pan Vivo Bajado del Cielo, por la misericordia del Sacramento del Perdón, y por el encuentro de intimidad, con la Persona Viva de Cristo.
Por lo tanto, si nos atrevemos, un tanto temerosamente, pero con la ayuda de la gracia, iniciaremos un camino nuevo, una vida nueva, en Cristo nuestra Pascua, intentando remover, los obstáculos de la persona vieja.
Estos impedimentos, basados en pensamientos, actitudes y comportamientos, frustran, muchas veces, la liberación que Cristo Viene a refundar en el propio corazón, la persona nueva.
A pesar de nuestra historia personal, El Señor nos invita, en esta Nueva Pascua a dejarnos conducir por Él, escuchando Su voz en el silencio, con humildad, para hacer la Voluntad del Padre.
Cristo es La Luz del mundo, nos ilumina y camina junto a nosotros, como los discípulos de Emaús, sintiendo como arde de gozo el corazón en Su compañía por el fuego de Su Amor.
Sin miedo a la oscuridad, que, por sí solos, cuando la atravesamos, nos envuelve atrapa y paraliza, para seguir adelante.
Comprometámonos a acompañar con amor y misericordia, a cauterizar las heridas de los hermanos que sufren, en este tiempo de gran tribulación.
El Adorador, como servidor-intercesor, frente al Santísimo, se dispone con la ayuda del Mismo Espíritu, a proclamar la alegría de la Resurrección a los hermanos.
Que María Santísima Madre de la Vida Nueva, por la Gloriosa Resurrección del Hijo de Dios nos ayude a vivir como resucitados en la humildad, la paciencia y la esperanza.



¡Alabado sea Jesucristo!

¡Feliz y Bendecida Pascua de Resurrección!

E. M. M.