"Yo soy el que vive"Ap.1,18

ADORACION

MOVIMIENTO DIOCESANO DE ADORACION EUCARÍSTICA PERPETUA - SAENZ 572 - LOMAS DE ZAMORA - Tel. 4294-7127


¡JESÚS TE ESPERA SIEMPRE!

¡DECÍDETE A VISITARLO!

TE INVITAMOS A LA COMUNIDAD DE ADORADORES

Capilla "María Reina de los Apóstoles"

Capilla "María Reina de los Apóstoles"
Capilla "María Reina de los Apóstoles"

sábado, 3 de junio de 2017

DEJARNOS CONDUCIR POR EL ESPÍRITU DE LA VERDAD

“El Espíritu de la Verdad…ustedes lo conocen, porque El permanece con ustedes y estará en ustedes” Dice el Señor -Jn. 14, 17-



En la dinámica vertiginosa de una humanidad que se debate, entre la indiferencia individualista y el drama de las guerras que nacen en el corazón, porque nos hemos alejado de Dios, El Espíritu del Señor, con el fuego de Su Amor, nos va despertando a una vida nueva, respetando la propia libertad, nos pone en camino para la misión, saliendo al encuentro de los hermanos.
El Amor del Espíritu Santo que habita en el tabernáculo del corazón, renueva la vida por la gracia y nos introduce en la sintonía de la misma vida de Jesús, para ser más parecidos a Él.
Dice El Señor: “El Espíritu Santo les enseñará y les recordará mis enseñanzas” -Jn. 14, 26-
En la fragilidad de nuestra condición humana, cristiana y pecadora, necesitamos el ejercicio cotidiano de suplicar la luz y la asistencia del Espíritu Santo.
Guiados por el Espíritu de la Verdad, en el discernimiento, podemos alcanzar y recorrer los caminos, según las enseñanzas de Jesús, para no caer en decisiones viciadas de omnipotencia arrogante, alejadas de la Voluntad de Dios.
Imploremos al Espíritu Santo, Espíritu de Verdad, Espíritu de Consuelo, para que, con Su soplo vivificador, podamos discernir lo que más conviene a la salvación, por la santidad y el crecimiento en el amor, la esperanza y la fe.
Purificado el corazón por la gracia, nos atrevemos a descubrir el Amor de Dios en la propia existencia, realidad y circunstancia.
Dejémonos abrazar por el Dulce Huésped del Alma.
Escuchemos en el silencio del corazón, la voz interior del Divino Maestro, que nos despierta a la osadía del amor y nos une como Iglesia -Pueblo de Dios- para proclamar el Evangelio, dando razón de la alegría y la esperanza.
El cristiano, en el peregrinar por la vida hacia el gozo eterno, va palpitando la alegría de la Resurrección, por la luz y la ayuda del Espíritu Santo, para compartirla con los hermanos, a través de los testimonios de cada día.
Tomas Merton dice: “La unión del cristiano con Cristo, es una unión mística, en la que Cristo mismo es la Fuente y Principio de Vida en mí. Cristo mismo alienta divinamente en mí, dándome Su Espíritu” (Semillas de contemplación).
El adorador, a través del silencio y la contemplación, por la oración del corazón, en la Presencia Viva de Jesús Sacramentado, adentrado por Su Amor, es conducido por el mismo Espíritu de Dios, hacia un nuevo Pentecostés, un nuevo renacimiento.
¿Cómo dejarnos conducir por El Espíritu Santo a un nuevo Pentecostés, a un nuevo renacer, si nos encerramos en los propios caprichos, esquemas y presupuestos recurrentes?
Dejarnos conducir por El Espíritu del Señor y Dador de Vida, es abrirnos a la sorpresa de Dios por la aceptación y la entrega confiada.
Dispongamos nuestro corazón, en la docilidad y humildad por la oración, para recibir la efusión de Sus Dones, sobre cada uno de nosotros de: “Sabiduría, Ciencia, Entendimiento, Consejo, Fortaleza, Piedad y Temor de Dios”
Que la Santísima Virgen Maria Sede de la Sabiduría Consuelo de los pecadores y Madre de la Iglesia, nos eduque como Jesús, con un corazón manso y humilde, por el Fuego del Amor, para Gloria de Dios. Amén

Santa María del Espíritu Santo

¡Alabado sea Jesucristo!

¡VEN ESPÍRITU SANTO!

E. M. M.

viernes, 14 de abril de 2017

LA PASCUA EN TIEMPOS DIFÍCILES PERO ESPERANZADORES

“Yo desbordo de alegría en El Señor, mi alma se regocija en Dios, porque El me vistió con las vestiduras de la salvación” -Is. 61, 10-



La persona de este tiempo de confusión, como la de todos los tiempos, busca manifiestamente la liberación, sin alcanzarla.
Atrapada por la desesperanza, la hunde en un estado de depresión creciente, como nunca antes.
A pesar de los medios tecnológicos, que la conectan al instante globalmente, paradójicamente sufre, consciente o inconscientemente, una incapacidad por alcanzar un encuentro con ella misma, con su intimidad, hacer silencio, para escucharse.
Muchas veces, por miedo a encontrarse con sus heridas profundas, otra se sofoca, oyendo sus silencios intolerables, y otras más, se niega a enfrentarse con cicatrices no cauterizadas, no curadas.
El cristiano, no vive ajeno a esta realidad, pero, por la gracia, tiene la certeza de la fe, que camina hacia la liberación definitiva.
Por el triunfo de la Cruz de Cristo Resucitado y Resucitadora, nos ha rescatado de la muerte y el pecado, para una vida nueva.
“Si Cristo no Resucitó vana es nuestra fe” -1Cor 15, 14-
Los cristianos sabemos que la liberación viene del Señor, pero, si nos dejamos guiar por Él.
“Yo soy la Luz del mundo, el que me sigue, no andará en tinieblas, sino, tendrá la Luz de la Vida” -Jn. 8, 12-
Para que la Pascua verdadera llegue a nosotros, en el gozo y la esperanza que ello significa para la vida nueva, necesitamos resucitar con Cristo nuestra Pascua.
Para ello hay que dejarse conducir, por Aquel que sabe más de nosotros, que nosotros mismos.
Es un desafío constante que tenemos cotidianamente, si nos proponemos entrar en la lógica del misterio, confiando contra toda desconfianza y esperando contra toda desesperanza, porque nunca seremos defraudados.
Esperamos, desde la oración, iluminada por la Palabra, alimentados por El Pan Vivo Bajado del Cielo, por la misericordia del Sacramento del Perdón, y por el encuentro de intimidad, con la Persona Viva de Cristo.
Por lo tanto, si nos atrevemos, un tanto temerosamente, pero con la ayuda de la gracia, iniciaremos un camino nuevo, una vida nueva, en Cristo nuestra Pascua, intentando remover, los obstáculos de la persona vieja.
Estos impedimentos, basados en pensamientos, actitudes y comportamientos, frustran, muchas veces, la liberación que Cristo Viene a refundar en el propio corazón, la persona nueva.
A pesar de nuestra historia personal, El Señor nos invita, en esta Nueva Pascua a dejarnos conducir por Él, escuchando Su voz en el silencio, con humildad, para hacer la Voluntad del Padre.
Cristo es La Luz del mundo, nos ilumina y camina junto a nosotros, como los discípulos de Emaús, sintiendo como arde de gozo el corazón en Su compañía por el fuego de Su Amor.
Sin miedo a la oscuridad, que, por sí solos, cuando la atravesamos, nos envuelve atrapa y paraliza, para seguir adelante.
Comprometámonos a acompañar con amor y misericordia, a cauterizar las heridas de los hermanos que sufren, en este tiempo de gran tribulación.
El Adorador, como servidor-intercesor, frente al Santísimo, se dispone con la ayuda del Mismo Espíritu, a proclamar la alegría de la Resurrección a los hermanos.
Que María Santísima Madre de la Vida Nueva, por la Gloriosa Resurrección del Hijo de Dios nos ayude a vivir como resucitados en la humildad, la paciencia y la esperanza.



¡Alabado sea Jesucristo!

¡Feliz y Bendecida Pascua de Resurrección!

E. M. M.

domingo, 5 de marzo de 2017

LA CRUZ DESCONCERTANTE PARADOJA DE AMOR Y REDENCIÓN MUERTE Y VIDA

¡Cuando sea levantado Yo en lo alto sobre la tierra, atraeré a todos hacia Mí! -Jn, 12,32-



En el camino hacia la Jerusalén Celestial, vamos atravesando el Año Litúrgico y nos introducimos en el tiempo de Cuaresma -tiempo de gracia- que nos conduce a la Pascua de Resurrección, por El Amor.
Con docilidad y humildad, nos proponemos abrir el corazón con la ayuda de la gracia, para escuchar la voz del Señor que nos dice:“Ahora es el tiempo propicio, ahora es el día de la salvación” -2Cor. 6, 13-
Este es el tiempo propicio para profundizar en la tarea y desafío cotidianos, la conversión y penitencia.
Sostenidos por la Palabra, la oración del corazón continua, el Sacramento del Perdón frecuente y la Eucaristía, si es posible diariamente; nos proponemos ahondar, en la limosna -hasta que duela- y el ayuno, especialmente, en la atención y acompañamiento, de los hermanos más abandonados.
¿Cómo se despliega esta tarea diaria y toma sentido cierto, sino es, encarnado en “EL Otro”?
“El Otro” es el hermano que sufre, me interpela y compromete, revistiendo mi vida de servidor, como imagen viva de Cristo.
El Papa Francisco nos señala que “El Otro es un don”
El Señor nos reclama un corazón humilde y misericordioso, reflejados primero, en la convivencia con los más próximos, expresada en el perdón, la paciencia, el respeto, la alegría, la caricia, el abrazo, la escucha, el amor, etc. “No quiero sacrificios ni oblaciones, sino un corazón humilde y arrepentido “dice El Señor.
Hoy la persona se obstina en vivir un relativismo recalcitrante. 
Un narcisismo, cuyo centro es “la persona misma” ignorando y desechando aquello que lo despojade su protagonismo y primacía en su propio sentir, pensar y hacer, según le plazca.
Muchas veces nosotros, que nos llamamos seguidores de Cristo, atrapados en la fantasía de un pseudo cristianismo, vivimos en la apariencia de seguir al Señor, con las prácticas y condicionamientos de los ídolos que nos seducen en el mundo, el demonio y nosotros mismos.
Sabemos que somos tentados permanentemente por aquel -el demonio- que ronda como un león rugiente para devorar nuestra fe, esperanza y amor.
Es por ello que necesitamos contrarrestar las insidias del enemigo, preparando el corazón con la fortaleza que el Espíritu Santo nos brinda, para la lucha esforzada y perseverante.
Esta es la prueba que debemos abrazar y ofrecer, en el crisol de la cruz de todos los días, con la ayuda del mismo Espíritu.
Necesitamos morir a los propios caprichos, infidelidades, indiferencia, orgullo, egoísmo, etc., para nuestra sanación del corazón y conversión, intercediendo por nuestros hermanos y el mundo entero.
“Si el grano de trigo que cae en la tierra, no fecunda, pero si muere, da mucho fruto” -Jn. 12, 24-
El cristiano camina con la cruz acuesta, asociando las enfermedades y sufrimientos a la Pasión y Muerte Redentora de Cristo.
Como nos señala San Pablo “Jesús se hizo pecado por nosotros”
Por Su Sangre Preciosa nos ha salvado de la muerte y el pecado, para la vida eterna.
El adorador en la intimidad con Jesús Sacramentado, suplica se le conceda la gracia de abrazar la cruz con entrega y perseverancia, para que se haga la Voluntad del Padre.
Con un corazón misericordioso nos abrimos a los hermanos con el bálsamo del acercamiento, del amor y la escucha, como instrumentos sanadores.
Que la Madre Dolorosa nos acompañe en este camino de conversión permanente, para que, con la mirada puesta en la Cruz de Su Hijo, podamos ayudar a atraer a muchos, hacia Él, como siervos fieles, testigos de Su Gran Amor.



¡Alabado sea Jesucristo!

¡Santa Cuaresma 2017!

E.M.M.

miércoles, 8 de febrero de 2017

LA ADORACIÓN EUCARÍSTICA NO ES UN ESCAPISMO DE ESPIRITUALIDAD

¡Sáname, Señor y quedaré sano, sálvame y estaré a salvo, porque Tú eres mi alabanza! - Jr. 17, 24 -



Los adoradores saciados en el Amor del Cristo Vivo, Presente y Real en el Santísimo Sacramento nos disponemos, con la ayuda de la gracia, en el silencio de la contemplación y a través de la oración, al encuentro con El Señor.
Con el corazón abierto cargamos y ofrecemos los propios despojos, debilidades, infidelidades, pecados, paraqué, El Señor nos sane, nos purifique, nos fortalezca, en el crisol de Su Amor.
El Señor es El Único que nos puede hacer personas nuevas, para ello necesitamos decidirnos a emprender un camino, muchas veces doloroso, en el desierto cotidiano, al que veníamos acostumbradamente peregrinando.
Sabemos que la liberación viene del Señor, pero necesitamos dejarnos penetrar por Su Amor Misericordioso.
Si verdaderamente creemos, que El Hace nuevas todas las cosas, no obstaculicemos, ni impidamos la Obra de Sus manos en nuestra vida.
Muchas veces nos cuesta reconocer, de manera consciente o inconsciente, un pasado traumático, incómodo, como, si El Señor no lo conociera -Ustedes tienen contados todos sus cabellos- dice Jesús -Mt. 10, 30-
A menudo, buscamos atajos, con plegarias, oraciones, pero, al mismo tiempo, silenciamos la Voz del Señor, que nos llama a retomar el camino del amor en la humildad, para no juzgar, no condenar y amar, sino, ingenuamente, continuamos en el engaño.
Reconocer, tal cual somos, tiene un alto costo, heroico, pero, liberador, para abrirnos en la libertad de los hijos de Dios, haciendo Su Voluntad y no la propia.
La Adoración Eucarística, no es un escapismo de espiritualidad, sino, el encuentro amoroso con Jesús Pan de Vida, que nos conoce desde las entrañas de nuestro ser.
En la plena confianza y certeza, de ser escuchados y educados en el corazón, salimos al encuentro de los hermanos, con los rasgos del sentir, pensar y obrar de Cristo.
La Adoración Eucarística, no es una huida o un gueto de espiritualidad, para olvidarnos y encerrarnos en los propias necesidades o problemas. Sino, que nos compromete en los desafíos personales y familiares, con la Patria, la creación, el cuidado de la tierra, la ecología, la sociedad, los hermanos olvidados, el mundo entero.
El Señor nos quiere íntegros, en cuerpo, alma y mente.
Alimentados y bebiendo de la Fuente de Agua Viva, nos disponemos para ser constructores de la paz, de la unidad, de la solidaridad, del encuentro, como síntesis del amor.
La Adoración Eucarística no es un escapismo de espiritualidad, El Señor nos educa el corazón en la humildad y el amor, respetando la libertad y en los tiempos de nuestra comprensión, para ser fieles servidores intercesores de Su Reino.
Como un ejercicio de reflexión, respondámonos esta pregunta: Cómo nos atraviesa en la vida cotidiana la Adoración Eucarística, y si se refleja, en testimonios, según nuestro sentir, pensar y obrar.
Pidamos a la Santísima Virgen María y a San Jose, primeros adoradores, que nos acompañen en el
camino del discernimiento y la conversión, para despertar a un nuevo amanecer en nuestra vida como nos quiere El Padre ‘’adoradores en Espíritu y en Verdad’'.



¡Alabado sea Jesucristo!

E. M. M.

sábado, 26 de noviembre de 2016

EL MISTERIO DE LA ENCARNACIÓN PRELUDIO DE NUESTRA SALVACIÓN

-Al señor que viene, al Señor que se acerca, venid adorémosle-


Ven Señor, no tardes
Ven que te esperamos;
Ven Señor no tardes
Ven pronto, Señor

Este llamado angustiado, pero a la vez esperanzador, en el nuevo Adviento, nos invita como -el centinela que espera a la aurora- así también nosotros, preparemos el corazón con -las lámparas encendidas- en el aceite reparador y vigilante de la oración para –esperar al Señor que viene-

El mundo muere de frío
El alma perdió el calor
los hombres no son hermanos
porque han matado el Amor.

El verso (himno del Laudes) refleja con todo dramatismo y actualidad, la realidad que vivimos cotidianamente, en un mundo que, alejado del Dios Verdadero, busca saciar las demandas en otros dioses.
Como cristianos, esta misma realidad, nos golpea y confronta con nosotros mismos, colocándonos en la urgente necesidad incómoda, pero sensata de, revisar el propio corazón, confundido y silenciado, por la indiferencia, el narcisismo y la soberbia.
Quizá, sin darnos cuenta, hemos dejado enfriar el amor que teníamos al principio, seducidos y atrapados por la vanidad y la hipocresía que nos ofrece el mundo.
Buscamos la propia conveniencia, haciendo primar los caprichos, dejando afuera, a la intemperie, al hermano que piensa y siente diferente a nosotros.
Encerrados en criterios egoístas, rompemos la relación con el hermano, matando lo que nos une, que es el Amor.
El Padre Celestial, por Su Ternura y Misericordia -Tanto amó al mundo, que envió a Su Hijo, para salvarnos-
Conforme a las enseñanzas de Jesús, nos comprometemos a transformarlo.
Siempre con la ayuda del Mismo Espíritu, podemos curar las heridas abiertas del vacío, la angustia y el desamparo, aliviando con el bálsamo de la escucha y acompañamiento, al hermano en su sufrimiento y soledad.
La Palabra del Padre se abaja y se hace hombre como nosotros.
Nace en la Sagrada Familia de Nazaret, del seno de María siempre Virgen y con Su Padre nutricio San José, para rescatarnos de la muerte y el pecado en el Árbol de la Cruz.
Cristo es la Verdadera Vida, el Camino y la Paz que el mundo ha perdido.
La Luz que disipa las tinieblas de nuestra vida, y el Amor que riega el corazón extraviado, en la propia insensatez y debilidad, por la falta de fe, esperanza y amor.
El adorador en el silencio de la oración madura en su corazón, la espera del Señor que viene.
Sale al encuentro de los hermanos, revestido con los rasgos de Cristo, para ser sal y luz, acompañándolos por el camino existencial de sus vidas, en la cercanía, con amor y misericordia.
Que El Emmanuel -El Dios con nosotros- El que Es, El que Era y El que viene, nos encuentre, en este Tiempo de Navidad arropados en Su Amor, como fieles discípulos y misioneros para Gloria de Dios. Amén



¡Feliz y Santa Navidad!

E. M. M.

viernes, 21 de octubre de 2016

UNA INVITACIÓN A DESCUBRIR AL VERDADERO DIOS

“El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es Amor” 1 Jn. 4, 8



El adorador en la Presencia Viva del Señor, va descubriendo al Verdadero Dios, por la conversión, vaciándose de sí mismo, en el abandono y confianza, para que Él haga fecunda la obra de Sus Manos, en la propia naturaleza pecadora.
Contemplando a Jesús Eucaristía, en el silencio de la oración, y en esa intimidad con El Señor, con un corazón bien dispuesto, somos atravesados por la gracia que: cura, renueva y transforma.
Por lo tanto, nos hace más permeables a la escucha, a abrir los ojos y oídos del corazón, para ser penetrados por el Amor Misericordioso de Dios en Su Hijo muy Querido Jesucristo.
San Pablo nos recuerda: “Tengan los mismos sentimientos de Cristo Jesús” -Flp. 1, 5-
Para descubrir al Dios Verdadero en la Persona Viva de Cristo, será necesario cruzar el umbral de nuestro ego, despojándonos de las falsas ideas, ídolos y ritos que disfrazamos en la vida, a nuestro antojo y engaño, para lucir una religiosidad hecha a medida.
Necesitamos descubrir al Verdadero Dios, no a una idea, o, a un Dios de fantasía, o, a un Dios para calmar nuestras ansiedades, que inconscientemente fuimos construyendo.
Nos tenemos que preguntar: ¿A que Dios venimos siguiendo?
¿A un Dios castigador que está siempre al acecho para sancionarnos?
¿A un Dios complaciente que vive en nuestra fantasía, para dar cumplimiento a las exigencias y reclamos, o de lo contrario, frente al propio desconcierto, le damos vuelta la cara, lo dejamos, y vamos en búsqueda de otros dioses?
Por el contrario, reconocemos al Dios que es Amor Misericordioso, que nos conoce más que nosotros mismos, sabe lo que necesitamos para nuestro bien, para nuestra salvación.
¿A que Dios seguimos?...
Para dejarnos encontrar por el Verdadero Dios, será necesario echar abajo los propios condicionamientos, engaños, abriéndonos  a la Voluntad de Dios.
El Señor sale a nuestro encuentro en cada hermano, en cada situación o circunstancia.
Nosotros mismos, también lo encontramos cotidianamente, según los estados de ánimo, en la enfermedad, en la salud, en las pérdidas, como en cualquier sufrimiento  ofrecido.
Él no desaparece por ningún motivo, no se desentiende, quiere el bien de nosotros, siempre habita en nosotros, aunque pareciera que muchas veces, se ha alejado de nosotros. Él es fiel.
Dejemos de creer que con buenas intenciones y siguiendo con las recurrencias de los propios hábitos, de manera superficial, vamos a  descubrir al Verdadero Dios.
El Padre nos ha soñado desde toda la eternidad a cada uno de nosotros en Su Hijo Jesucristo, para ser santos, personas nuevas, personas pascuales, firmes en la fe, robustos en la esperanza y adultos en el amor.
El Señor nos invita a despertar y a no resistirnos a cambiar, revisando la propia vida por el camino de la humildad, dejándonos educar por el Mismo Espíritu, para ser transformados por la gracia, y así dar testimonio a los hermanos que, buscan y anhelan encontrar a Cristo en nosotros por la alegría, la confianza y el amor.
La Santísima Virgen María Madre de Dios y Madre nuestra, nos hace descubrir al Verdadero Dios en Jesús que es reflejo del Amor del Padre y por el Espíritu Santo que habita en nosotros, revela y educa en el resplandor de la Verdad, El Camino y la Vida.



¡Alabado sea Jesucristo!

E. M. M.

sábado, 27 de agosto de 2016

LA PARADOJA DE VIVIR EN LIBERTAD MURIENDO A SÍ MISMO

“Ustedes hermanos han sido llamados para vivir en libertad…por medio del amor” Ga. 5, 13


En la aceptación de nosotros mismos y de los hermanos, vamos cultivando la propia vida y descubriendo la libertad, por el camino del amor en el servicio, cotidianamente.
En el sagrario de nuestro corazón donde habita El Espíritu Santo, ahí en ese mismo lugar se gesta la libertad porque: “Donde está El Espíritu del Señor, ahí está la libertad” nos confirma San Pablo en 2 Cor. 3, 17.
El amor nos conduce a la plena libertad porque hemos nacido para amar.
El amor nos hace libres, porque nace de la verdad, la Fuente misma del Amor. Dice El Señor: “La verdad los hará libres” Jn. 8, 32
Santa Teresa, ilumina este camino a la libertad y decía: “...Y como El no ha de forzar nuestra voluntad, toma lo que le damos, más no se da así del todo, hasta que nos damos del todo” (Caminos de Perfección)
Dios no fuerza nuestra voluntad afirma Santa Teresa, porque nos creó libres, nuestra voluntad libre es un bien inalienable.
San Agustín nos acerca a la comprensión para vivir la libertad, decía: “…Tarde te amé…y Tú estabas dentro de mí y yo fuera, y así por fuera te buscaba, y, deforme como era, me lanzaba sobre esas cosas hermosas que Tú creaste. Tú estabas conmigo, más yo no estaba Contigo…” (Confesiones)
La libertad no se engendra en las sensaciones, cosas o personas, sino que nace en un espíritu libre.
La verdadera libertad nace en un corazón humilde, misericordioso y solidario a las necesidades de los hermanos, cuidando la dignidad de los mismos.
La persona Libre es la que deposita toda su confianza en El Señor de la Historia, sabiendo que la vida es un don, un regalo de Dios Creador, que por Amor nos creó, para que se haga siempre Su Voluntad y no la nuestra, así como Cristo vino a hacer la Voluntad del Padre.
Así es aquel que no se encuentra atado a los impulsos, ni manejado por lo que siente en el momento, o, arrastrado por los ídolos -con pié de barro- que construye a lo largo de la vida: poder, dinero, cosas…etc.
Para que la libertad se convierta en servicio debe pasar por el crisol del Amor de Dios y la gracia.
La gratuidad en el servicio, es la razón de ser del discípulo de Cristo, que, iluminado por la Palabra encarnada en las Obras de Misericordia Corporales y Espirituales, ayuda a liberar a los hermanos, con el testimonio de la ternura, la asistencia y el acompañamiento, al estilo de Jesús.
En el transcurrir del Año Jubilar de la Misericordia no podemos pasar por alto la gracia que recibimos.
Las tres claves de la Misericordia (no juzgar, no condenar y amar) abonan el camino de la libertad de los hijos de Dios, y nos invitan a interpelarnos para revisar la propia vida.
El adorador se abre al Misterio Eucarístico en libertad, muriendo a sí mismo por amor, llevando la caricia del Padre Misericordioso, a través de la Persona Viva de Cristo a los hermanos, en las periferias que se encuentren.
Vivamos la libertad muriendo a nosotros mismos por amor, reflejándonos e imitando a la Santísima Virgen María, que frente al desconcierto, dio su consentimiento en un acto libre “Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho”.



¡Alabado sea Jesucristo!

E. M. M.