"Yo soy el que vive"Ap.1,18: La tibieza se apodera de nosotros cuando dejamos enfriar el Amor de Dios

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Capilla "María Reina de los Apóstoles"

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sábado, 1 de diciembre de 2012

La tibieza se apodera de nosotros cuando dejamos enfriar el Amor de Dios


“Conozco tus obras: no eres frió ni caliente ¡Ojalá fueras frío o caliente!” –Ap. 3, 15-




En estos tiempos que corren vivimos zamarreados, sacudidos por acontecimientos que nos desconciertan y angustian.
Perdemos con inusitada rapidez la paz que es fruto del amor, la esperanza y la fe en El Señor de la Historia.
Nos hemos acostumbrado también, a practicar una falsa religiosidad, particular, privada, plagada de contradicciones, individualista; son estas características del relativismo.
Nos acomodamos al engaño de la propia confusión y caprichos para esconder y disfrazar, estados anímicos alterados, necesidades insatisfechas.
En esta realidad y circunstancia anida la tibieza alimentada por la superficialidad, la indiferencia y el desamor.
Perdemos, entonces, la dimensión del Amor Misericordioso de Dios, que ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo.
Dice El Señor al ángel de la Iglesia de Éfeso: “…Debo reprocharte que hayas dejado enfriar el amor que tenías al comienzo. Fíjate bien dónde has caído, conviértete y observa tu conducta anterior” –Ap.2.4-5- El Señor nos llama a la reflexión para que, con humildad y detenimiento respondamos ésta pregunta: ¿Cómo nos encontramos hoy con el amor que teníamos al comienzo?
Desde el amor en el deber de estado, en la misión, el amor a los más próximos, a todos los hermanos, como consecuencia del amor a Dios.
Este reproche del Señor al Ángel de Éfeso también, a todos nos atraviesa y enfrenta con la propia tibieza.
En este tiempo de Adviento, de vigilia esperanzadora, clamemos al Espíritu del Señor para que nos permita ver con los ojos de la fe iluminada por la Luz de Cristo que Viene, penetrando en lo más profundo del corazón, para dar comienzo a una renovada conversión.
La oración confiada y la Palabra nos abren el camino y preparan para luchar contra la  tibieza, ese estado de postración del alma donde, nos arrastramos perezosamente a un estancamiento espiritual, facilitando la entrada al enemigo -al acusador- al demonio.
Necesitamos, entonces, la gracia por el Sacramento de la Reconciliación que renueva y libera todo lo que nos aparta del amor a Dios, y la Eucaristía, el maná celestial, que nos va fortaleciendo, reavivando el espíritu de fe, esperanza y amor.
Cristo es la Alegría, la  Esperanza y la Paz que necesitamos para transitar por este  desierto cotidiano camino a la Jerusalén Celestial.
En este Año de la Fe salgamos al encuentro de aquellos que esperan y anhelan salir de la oscuridad, del vacío y la soledad, para qué a través de nuestro testimonio, podamos dar razón de la esperanza.
Que María Santísima Madre del Verbo Encarnado y Su esposo San José nos enseñen a amar en la entrega abandonada del servicio, esperando contra toda esperanza.






                                                    ORACIÓN


                                                         Padre
                                  Que por Tú Ternura tanto Amaste al mundo
                                 enviando a Tú Hijo para que todos se salven.
                               Por obra del Espíritu Santo se Encarnó de María
                                             la Virgen y se hizo Hombre.
                         Creció y se desarrolló en el seno de la Familia de Nazaret
                                    al lado de Su padre nutricio San José.
        Que también nosotros en esta Nueva Alborada del Misterio de la Encarnación
                              podamos ser renovados en el espíritu de Fe, del
                            Amor purificado, esperando contra toda Esperanza

                                Como lo vivió la Familia de Nazaret. Amén

¡Alabado sea Jesucristo!


Eduardo                                                                                                   

E. M. M. 

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