"Yo soy el que vive"Ap.1,18: EL FUEGO DEL ESPÍRITU DE AMOR ENCIENDE Y RENUEVA LOS CORAZONES

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Capilla "María Reina de los Apóstoles"

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sábado, 23 de mayo de 2015

EL FUEGO DEL ESPÍRITU DE AMOR ENCIENDE Y RENUEVA LOS CORAZONES

“Nosotros hemos recibido el Espíritu de Dios, para que reconozcamos los dones gratuitos que Dios nos ha dado” 1Cor. 2, 12



En el camino espiritual del cristiano a la casa del Padre, el Espíritu Santo interviene en la vida cotidiana, auxiliando y guiando con sus dones.
Sin entorpecer la libertad, nos hace recordar y reconocer todo lo que Jesús ha enseñado.
El Papa Francisco nos recuerda: “El Espíritu Santo nos enseña a seguirlo, a caminar sobre Sus Huellas. Más que un Maestro de Doctrina, El Espíritu Santo es un Maestro de Vida” (Homilía Pentecostés 2014)
Esta sociedad global, confundida, contrariada y violenta, vive ignorando a Dios.
Atrincherada en el propio egoísmo, soberbia e indiferencia, flagelos que la somete y sumerge en el vacío, la angustia y la soledad.
Acosada por la inmediatez tecnológica, las luchas existenciales y la cultura del descarte, la persona va perdiendo, poco a poco, la capacidad de amar y ser amada.
Por lo tanto, deja de reconocer su dignidad de hijo de Dios, por ende, también, la del hermano sufriente, que espera que un corazón samaritano, lo escuche, lo ayude a vendar las heridas abiertas, lo acompañe y se haga cargo.
El Papa Francisco nos esclarece: “Penetrados por el Espíritu de Amor, podemos ser signos e instrumentos de Dios que ama, que sirve, que da la vida” (Pentecostés 2014)
El Señor derrama en los corazones Sus dones por el Espíritu Santo, en la medida de nuestra disponibilidad, no por los méritos personales, sino, por Su infinita Misericordia.
El Apóstol Pablo nos aclara: “No depende del esfuerzo del hombre, sino de la Misericordia de Dios” Rm. 9, 16.
Es el Espíritu Santo el que nos hace gustar la ternura de Dios, en Su Hijo Jesucristo, heredando por la gracia la filiación divina en la dimensión de hijos, amigos y profetas.
Como hijos de Dios. El Espíritu Santo nos conduce por la oración, clamando con gemidos inefables, porque no sabemos orar, para llamarlo Abba, Padre. “Todos los que son conducidos por el Espíritu de Dios, son hijos de Dios” -Rm. 8, 14-
Como amigos de Jesús. El Espíritu Santo conduce a la Iglesia, por lo tanto, nos guía por el camino y nos hace proclamar la Palabra, porque nos recuerda las enseñanzas de Jesús “Cuando venga el Espíritu de la Verdad, Él, los introducirá en toda la verdad” -Jn. 16, 13-
Las inspiraciones del Espíritu Santo a través de Sus dones, nos ayudan a vivir como Jesús quiere que vivamos, configurados en Él, y así podamos, pensar, sentir y obrar, como Jesús lo hubiera hecho.
Como profetas. El Papa Francisco nos dice: “El Espíritu Santo nos hace hablar a los hombres en la profecía, o sea haciéndonos “canales” humildes, dóciles de la Palabra de Dios”
Precisamente en esa cercanía, el hermano percibirá, el Amor y la Ternura de Dios en nosotros.
El adorador se abre al Fuego del Espíritu, en la Presencia Real de Jesús, para vivir el Amor de Dios e interceder a través de la oración y contemplación por la Iglesia y el mundo entero.
Que María Santísima Esposa del Espíritu Santo y Madre de la Iglesia nos enseñe, como templos del Espíritu Santo a invocarlo, para que, guiados por Él, podamos siempre hacer la Voluntad del Padre. “Ven Espíritu Santo, Ven por medio de la Poderosa intercesión de María Santísima”. Amén



¡Alabado sea Jesucristo!

E. M. M.

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