"Yo soy el que vive"Ap.1,18: EL MISTERIO DE LA ENCARNACIÓN PRELUDIO DE NUESTRA SALVACIÓN

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sábado, 26 de noviembre de 2016

EL MISTERIO DE LA ENCARNACIÓN PRELUDIO DE NUESTRA SALVACIÓN

-Al señor que viene, al Señor que se acerca, venid adorémosle-


Ven Señor, no tardes
Ven que te esperamos;
Ven Señor no tardes
Ven pronto, Señor

Este llamado angustiado, pero a la vez esperanzador, en el nuevo Adviento, nos invita como -el centinela que espera a la aurora- así también nosotros, preparemos el corazón con -las lámparas encendidas- en el aceite reparador y vigilante de la oración para –esperar al Señor que viene-

El mundo muere de frío
El alma perdió el calor
los hombres no son hermanos
porque han matado el Amor.

El verso (himno del Laudes) refleja con todo dramatismo y actualidad, la realidad que vivimos cotidianamente, en un mundo que, alejado del Dios Verdadero, busca saciar las demandas en otros dioses.
Como cristianos, esta misma realidad, nos golpea y confronta con nosotros mismos, colocándonos en la urgente necesidad incómoda, pero sensata de, revisar el propio corazón, confundido y silenciado, por la indiferencia, el narcisismo y la soberbia.
Quizá, sin darnos cuenta, hemos dejado enfriar el amor que teníamos al principio, seducidos y atrapados por la vanidad y la hipocresía que nos ofrece el mundo.
Buscamos la propia conveniencia, haciendo primar los caprichos, dejando afuera, a la intemperie, al hermano que piensa y siente diferente a nosotros.
Encerrados en criterios egoístas, rompemos la relación con el hermano, matando lo que nos une, que es el Amor.
El Padre Celestial, por Su Ternura y Misericordia -Tanto amó al mundo, que envió a Su Hijo, para salvarnos-
Conforme a las enseñanzas de Jesús, nos comprometemos a transformarlo.
Siempre con la ayuda del Mismo Espíritu, podemos curar las heridas abiertas del vacío, la angustia y el desamparo, aliviando con el bálsamo de la escucha y acompañamiento, al hermano en su sufrimiento y soledad.
La Palabra del Padre se abaja y se hace hombre como nosotros.
Nace en la Sagrada Familia de Nazaret, del seno de María siempre Virgen y con Su Padre nutricio San José, para rescatarnos de la muerte y el pecado en el Árbol de la Cruz.
Cristo es la Verdadera Vida, el Camino y la Paz que el mundo ha perdido.
La Luz que disipa las tinieblas de nuestra vida, y el Amor que riega el corazón extraviado, en la propia insensatez y debilidad, por la falta de fe, esperanza y amor.
El adorador en el silencio de la oración madura en su corazón, la espera del Señor que viene.
Sale al encuentro de los hermanos, revestido con los rasgos de Cristo, para ser sal y luz, acompañándolos por el camino existencial de sus vidas, en la cercanía, con amor y misericordia.
Que El Emmanuel -El Dios con nosotros- El que Es, El que Era y El que viene, nos encuentre, en este Tiempo de Navidad arropados en Su Amor, como fieles discípulos y misioneros para Gloria de Dios. Amén



¡Feliz y Santa Navidad!

E. M. M.

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