"Yo soy el que vive"Ap.1,18: LA PASCUA EN TIEMPOS DIFÍCILES PERO ESPERANZADORES

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Capilla "María Reina de los Apóstoles"

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viernes, 14 de abril de 2017

LA PASCUA EN TIEMPOS DIFÍCILES PERO ESPERANZADORES

“Yo desbordo de alegría en El Señor, mi alma se regocija en Dios, porque El me vistió con las vestiduras de la salvación” -Is. 61, 10-



La persona de este tiempo de confusión, como la de todos los tiempos, busca manifiestamente la liberación, sin alcanzarla.
Atrapada por la desesperanza, la hunde en un estado de depresión creciente, como nunca antes.
A pesar de los medios tecnológicos, que la conectan al instante globalmente, paradójicamente sufre, consciente o inconscientemente, una incapacidad por alcanzar un encuentro con ella misma, con su intimidad, hacer silencio, para escucharse.
Muchas veces, por miedo a encontrarse con sus heridas profundas, otra se sofoca, oyendo sus silencios intolerables, y otras más, se niega a enfrentarse con cicatrices no cauterizadas, no curadas.
El cristiano, no vive ajeno a esta realidad, pero, por la gracia, tiene la certeza de la fe, que camina hacia la liberación definitiva.
Por el triunfo de la Cruz de Cristo Resucitado y Resucitadora, nos ha rescatado de la muerte y el pecado, para una vida nueva.
“Si Cristo no Resucitó vana es nuestra fe” -1Cor 15, 14-
Los cristianos sabemos que la liberación viene del Señor, pero, si nos dejamos guiar por Él.
“Yo soy la Luz del mundo, el que me sigue, no andará en tinieblas, sino, tendrá la Luz de la Vida” -Jn. 8, 12-
Para que la Pascua verdadera llegue a nosotros, en el gozo y la esperanza que ello significa para la vida nueva, necesitamos resucitar con Cristo nuestra Pascua.
Para ello hay que dejarse conducir, por Aquel que sabe más de nosotros, que nosotros mismos.
Es un desafío constante que tenemos cotidianamente, si nos proponemos entrar en la lógica del misterio, confiando contra toda desconfianza y esperando contra toda desesperanza, porque nunca seremos defraudados.
Esperamos, desde la oración, iluminada por la Palabra, alimentados por El Pan Vivo Bajado del Cielo, por la misericordia del Sacramento del Perdón, y por el encuentro de intimidad, con la Persona Viva de Cristo.
Por lo tanto, si nos atrevemos, un tanto temerosamente, pero con la ayuda de la gracia, iniciaremos un camino nuevo, una vida nueva, en Cristo nuestra Pascua, intentando remover, los obstáculos de la persona vieja.
Estos impedimentos, basados en pensamientos, actitudes y comportamientos, frustran, muchas veces, la liberación que Cristo Viene a refundar en el propio corazón, la persona nueva.
A pesar de nuestra historia personal, El Señor nos invita, en esta Nueva Pascua a dejarnos conducir por Él, escuchando Su voz en el silencio, con humildad, para hacer la Voluntad del Padre.
Cristo es La Luz del mundo, nos ilumina y camina junto a nosotros, como los discípulos de Emaús, sintiendo como arde de gozo el corazón en Su compañía por el fuego de Su Amor.
Sin miedo a la oscuridad, que, por sí solos, cuando la atravesamos, nos envuelve atrapa y paraliza, para seguir adelante.
Comprometámonos a acompañar con amor y misericordia, a cauterizar las heridas de los hermanos que sufren, en este tiempo de gran tribulación.
El Adorador, como servidor-intercesor, frente al Santísimo, se dispone con la ayuda del Mismo Espíritu, a proclamar la alegría de la Resurrección a los hermanos.
Que María Santísima Madre de la Vida Nueva, por la Gloriosa Resurrección del Hijo de Dios nos ayude a vivir como resucitados en la humildad, la paciencia y la esperanza.



¡Alabado sea Jesucristo!

¡Feliz y Bendecida Pascua de Resurrección!

E. M. M.

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