"Yo soy el que vive"Ap.1,18: LA ALEGRÍA DE LA RESURRECCIÓN NO ES UN SLOGAN

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Capilla "María Reina de los Apóstoles"

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domingo, 27 de marzo de 2016

LA ALEGRÍA DE LA RESURRECCIÓN NO ES UN SLOGAN

¡Griten de alegría cielos, regocíjate tierra! -Is. 49, 13-



En la travesía por el Jubileo de la Misericordia se nos revela con fuerza arrolladora el Amor del Padre.
Celebrar y vivir la Pascua en alegría y esperanza es tener conciencia de haber sido rescatado de la muerte y el pecado en el escándalo de La Cruz por la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo para la herencia eterna.
Es haber asumido, provocado una profunda y genuina conversión, con la ayuda del Espíritu Santo, revisando la propia vida, sin rodeos ni atajos.
Es haber decidido con sinceridad, llegar al fondo del corazón, en un encuentro con uno mismo, para luego caminar, a un verdadero encuentro con El Señor y los hermanos.
No podemos caminar a un verdadero encuentro con El Señor, cuando todavía no se produjo el encuentro con uno mismo, es una falacia.
Entrar en contacto con uno mismo, es tener la osadía, con la ayuda de la gracia, de adentrarnos en el corazón, para llegar a la raíz y reconocer los errores y pecados.
Entrar en contacto con uno mismo, es por el camino de la humildad, haber decidido corregir la vida o dejarse corregir, para empezar de nuevo.
Entrar en contacto con uno mismo, es no justificarse con pesares, enfermedades o situaciones de infortunio, sino aceptando y ofreciendo la realidad que nos toca vivir.
Entrar en contacto con uno mismo, es tener conciencia de ser un pecador perdonado por la Misericordia de Dios.
El camino hacia la persona nueva, es atreverse, (con la cruz a cuesta de cada día - peregrinando a la Casa del Padre) a dejarnos transformar y purificar por El Señor, que sabe más de nosotros y nos Ama.
Este desierto de nuestros días -el Éxodo a la Tierra Prometida- es un lugar de reflexión, de encuentro, de prueba y corrección a través de la oración, a la luz de la Palabra, con una escucha atenta a la voz del Señor, para hacer Su Voluntad.
Necesitamos salir del encierro de los empecinamientos y las pesadas cargas del pasado que nos paralizan, para dejarnos penetrar por el Amor de Dios que nos invita a vivir como Jesús.
-Vivir la alegría de la Resurrección es tener la certeza de ser Amados por un Padre Misericordioso, que nos envió a Su Hijo para asemejarse a nosotros -menos en el pecado- como Víctima Propiciatoria, para la salvación del mundo entero.
-Vivir la alegría de la Resurrección es decidirnos (con la ayuda de la gracia y el trabajo perseverante de cada día) a deshacernos de la mirada amenazadora, la soberbia, la indiferencia, el egoísmo, la falta de amor, etc.
-Vivir la alegría de la Resurrección es ser luz del mundo y sal de la tierra como testigos del Amor Misericordioso, reflejando en las propias actitudes, impregnadas del perfume de Cristo, la asistencia y acompañamiento a los más olvidados y despreciados
-Vivir la alegría de la Resurrección es contagiar a los “OTROS” por el Amor y no atraer con palabras vacías y estériles que se fundamentan en la falta de testimonios e incoherencia de vida.
El Adorador en compañía de Jesús Sacramentado vive la experiencia de la alegría de la Resurrección -en la misma Fuente de Agua Viva- la vida nueva, para irradiar a los hermanos, la esperanza, la fe y el amor.
Que María Santísima Madre de la Misericordia, de la Resurrección y la Vida, guíe nuestros pasos en la alegría de la Salvación, en el Amor Trinitario, para Gloria de Dios.



¡Feliz Pascua de Resurrección! ¡ALELUYA!

E. M. M.

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