"Yo soy el que vive"Ap.1,18: LA AVENTURA Y EL DASAFÍO DE AMAR HASTA EL FINAL

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sábado, 25 de junio de 2016

LA AVENTURA Y EL DASAFÍO DE AMAR HASTA EL FINAL

“El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” -1 Cor. 13, 7-



Todos peregrinamos en la vida con una historia personal y familiar a cuesta, signada por una cantidad de mandatos y condicionamientos, como estigmas, que nos atraviesan.
Esto no nos justifica, para no asumir la propia libertad con responsabilidad, cambiando todo aquello que necesitamos cambiar para crecer, y no caer, en el facilismo o reduccionismo de echar culpas a nuestro pasado.
“Hoy sabemos para perdonar necesitamos pasar por la experiencia liberadora de comprendernos y perdonarnos a nosotros mismos” Papa Francisco -Amoris Laetitia 107-
Si no cultivamos el amor cotidianamente, que echa su raíz en la gracia del Amor Misericordioso de Dios, y en el deseo ardiente de sanar las heridas abiertas del corazón para amar, no podemos perdonarnos, para perdonar.
Difícilmente podamos remontar situaciones del pasado, para vivir con alegría y esperanza este presente, que El Señor nos invita a recorrer, ofrecer y hacernos cargo.
“Pero esto supone la experiencia de ser perdonados por Dios, justificados gratuitamente y no por nuestros méritos” Papa Francisco -Amoris Laetitia 108-
El amor implica cuidar al otro en su dignidad de hijo de Dios y no permitirnos abrir juicios que causan daños irreparables en nuestros hermanos. Dice El Señor “No juzguen y no serán juzgados, no condenen y no serán condenados, perdonen y serán perdonados” -Lc. 6, 37-
El Apóstol Santiago nos recuerda: “Hermanos, no hablen mal los unos de los otros” -St. 4, 11-
Amar en la libertad de los hijos de Dios supone, amar sin condicionamientos, respetando al otro que es distinto a mí, pero al mismo tiempo, me ayuda a comprender las diferencias que nos complementan.
En la aventura y el desafío de amar hasta el final, El Señor nos muestra el camino del amor, por el que vamos a ser juzgados; no por cuantos rosarios, no por cuantas oraciones, no por cuantas celebraciones, sino, cuánto hemos amado.
En la vida del cristiano el amor debe ser la respuesta sublime y cuidadosa, reflejo de nuestro corazón, expresado en el pensamiento, palabras y obras, configurados en las enseñanzas de Jesús.
El amor requiere un trabajo de observancia permanente del corazón, para no dejarnos arrastrar por la fuerza de los propios instintos que se disparan recurrentemente.
Entonces, aparece lo peor de nosotros mismos, expresado en los malos humores, rencores, envidia, celos, desprecios, lastimando a los más próximos, como también, al resto de los hermanos.
La aventura y el desafío de amar hasta el final se sostiene y crece en la oración, por la gracia de los Sacramentos de la Eucaristía, la Reconciliación y el encuentro con Jesús Sacramentado.
La aventura y el desafío de amar hasta el final nos provoca, zamarrea y dispone, a la luz del Espíritu Santo, para abrirnos a la vivencia y al cultivo del amor cotidiano.
Necesitamos impregnarnos en las palabras de Pablo en el Himno de la Caridad (1Cor.13) (no como un bonito canto de celebración), sino como, el verdadero programa, que da sentido a nuestra vida cristiana, cimentada en el Amor que no pasará jamás.
El adorador se propone vivir la aventura  y el desafío de amar hasta el final bebiendo en la Fuente Misma del Amor, en la Presencia Viva de Jesús.
Pidamos a María Santísima, que así como Ella educó a Jesús en el amor cotidiano como Madre Educadora, así también, nos eduque en el amor que todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera y todo lo soporta. Amén



¡Alabado sea Jesucristo!

E. M. M.

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