"Yo soy el que vive"Ap.1,18: EL ADORADOR INSTRUMENTO DE PAZ, FRATERNDAD Y COMPROMISO

ADORACION

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Capilla "María Reina de los Apóstoles"

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domingo, 8 de julio de 2018

EL ADORADOR INSTRUMENTO DE PAZ, FRATERNDAD Y COMPROMISO

“Porque Cristo es nuestra Paz” -Ef. 2, 14-



En una sociedad, como la nuestra, agrietada y dividida, con bandos irreconciliables, donde se suman rencores que parecieran insalvables para llegar al encuentro, al diálogo y al respeto por las diferencias, la paz en los corazones es el inicio, de un laborioso trabajo perseverante de cada día.
Para los que, por la gracia inmerecida, intentamos seguir al Cristo Vivo, Presente y real, resulta un camino de conversión y oración permanente, para derribar las Murallas de Jericó construidas en nuestro corazón.
Estamos sumergidos y asfixiados en la violencia, fruto de corazones contaminados por la ira de las ideologías, el desencuentro, la injusticia, la desazón.
Estamos empecinados, en ignorar o rechazar a un Dios que es Amor, que esta siempre presente en la historia cotidiana de los pueblos y de cada persona.
Frente a esta realidad lacerante, El Señor nos llama a construir puentes de paz, fraternidad y encuentro aún en las diferencias.
Sabemos que la defensa de la Vida, desde la concepción hasta el final, no es un invento doctrinal, sino una convención universal, amparada por nuestra Constitución, y por leyes internacionales en la Defensa de la Vida.
Donde se atenta contra La Vida, no hay posibilidad alguna, para construir una sociedad sana y con futuro.
Esta realidad nos interpela, nos atraviesa, sacude y nos debe poner en movimiento, también como comunidad Eclesial, para buscar los medios a nuestro alcance.
En la Presencia y espíritu samaritano, configurados en Cristo, sentimos, acompañamos, escuchamos y asistimos, para curar las heridas abiertas del hermano, producto muchas veces de nuestros propios fracasos, en aliviar la carga injusta de vidas despojadas de su dignidad.
No podemos mirar para el costado el drama de muchos hermanos y al mismo tiempo, presentarnos frente al Santísimo, para acomodar nuestra vida, ignorando la injusticia, el abandono, fruto de la indiferencia, propio de un espíritu farisaico.
El adorador vive la Presencia del Señor, impregnado por la Palabra y en la contemplación del Cristo Vivo, reflejado en cada rostro del hermano que sufre, abandonado, despojado de una vida digna.
Es ahí donde el grito del hermano se interpone vivamente, a nuestros condicionamientos y comodidades, para salir al encuentro, en una Iglesia en salida, viva y santa.
El desafío de este tiempo profético, por el que se nos ha destinado, a abrazar, a ofrecer y comprometernos, para dar razón de nuestra fe, esperanza y amor, a una humanidad vacía por las ideologías, en la soledad de la autosuficiencia y orgullo, alejada de un Dios que es Amor.
En María, la Virgen Santísima, encontramos la respuesta, como Madre y Maestra de nuestra vida, en el Si fidelísimo, en el servicio sin demora, en la paz del corazón, en la fraternidad, fruto del amor entregado, ofrecido y abrazado en la Cruz de Su Hijo Jesús.


¡Alabado sea Jesucristo!

E.M.M.

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